Necesito ese puñal. Sólo dámelo y seré libre. No temas; nunca te haría daño, lo sabes. Y yo tampoco me haría más daño del que me has hecho ya, al contrario, sería un alivio, un respiro después de toda la eternidad bajo la bruma, sin poder respirar.
He descubierto que no serás tú quien me saque a flote; no tú, sino ese puñal,que dentro de poco se hincará en mi carne y me separará de la piel.
Pero ahora debes dármelo. No puedes ser tan injusta: si no quieres irte ni me quieres querer, debes dejar que lo haga. No me impidas ser libre, no dejes que siga agonizando por más tiempo.
Déjame ser libre de ti y del mundo de una vez.
Dame ese puñal.
Vamos a abrir el libro por la primera página. Vamos a empezar de cero una vez más. Ya que no se puede retroceder en el tiempo, ni viajar por agujeros negros a universos paralelos, voy a comenzar con mi vida haciendo borrón y cuenta nueva, tal y como siempre he deseado.
Soy una pobre desgraciada de diecisiete años, abordada por los estudios y las dudas, que trata de salir del armario con recelo, buscando un salvoconducto de amor que me haga olvidar a la chica por la que perdería la vida (y por la que, de hecho, pierdo ya la cabeza).
Siempre he querido escribir un libro, encontrar una buena historia y a la protagonista perfecta para correr todas las aventuras que mi mente imagina, pero ahora, ahora estoy escribiendo mi propio libro, más bien, mi propia historia. Y ésta es la primera página. No sé si alguien leerá lo que escriba aquí, pero me da igual; al fin y al cabo, las verdaderas aventuras se viven en solitario. Son esas luchas internas, esos conflictos personales, la satisfacción, la alegría, la desesperación o el llanto los que nos hacen sentirnos tan vivos y tan cerca de la muerte al mismo tiempo; y siempre, por muy implicadas que estén las personas de nuestro alrededor, nos toca vivirlos solos.